Bittersweet Symphony


Algunas veces el pasado vuelve de la forma más imprevisible: ya sea a través de una llamada, un mensaje, una foto olvidada en algún cajón, una carta…

Curioso destino, el mío, encontrar ese recuerdo olvidado en forma de papel fotográfico, escondido quizás por vergüenza, quizás en un arrebato de no quiero volverte a ver. Fuera como fuese, ahí estaba, ahí estábamos.

Aquello me hizo volver como por arte de magia a aquellos tiempos, que no podía considerar ni buenos ni malos. No pretendo explicarme, cuando has vivido momentos buenos y la ruptura es trágica cuanto menos, el recuerdo es agridulce.

Y eso que había tenido el cuidado para estos casos… y cuantas noches no me había tentado la idea de mandar un mensaje, esos de las 3 AM, de los que al día siguiente no recuerdas haber mandado, que solo lo hiciste cuando el nivel de alcohol en sangre superaba hitos históricos.

El estómago para estos casos es mi peor aliado, sufre y me hace sufrir. La inquietud va invadiendo cada inhóspito recodo de lo que antes era mi cuerpo, ahora sólo es un amasijo de nervios. Un presente en el pasado, un olvido recordado. No soy yo.

Pero el tiempo y los golpes recibidos hacen fuertes a las personas. Claro que se aprende de lo vivido, pero de las experiencias malas sobre todo. Nadie quiere volver a vivir una situación inviable, inconsistente y cargada de malos tragos. Nadie aprueba que pensaras en que aún echas de menos a esa persona después de todo lo que ha pasado.

Y la vida pasa, y me enfrento con mis sueños y experiencias vividas. Me abofetea el viento cuando paso por la calle dudando, y me doy de bruces con la realidad cuando tan solo tengo al acostarme un lamento que hacerle a la almohada. Y ni tan siquiera, y después de tanto tiempo, he conseguido encontrar a alguien que me haga olvidarte, de tu pelo enmarañado por las mañanas, de tu signo prohibido escribiendo versos en susurros, dándole ventaja a la madrugada, a tu antojo…

…y es que, hay llamas que ni con el mar…

3 comentarios:

El monstruo nunca duerme dijo...

De los errores se aprende, del sufrimiento también, y es que es de lo que más nos acordamos cuando ha pasado el tiempo.

El sufrimiento es un charco de barro donde nos bañamos como cerdos

Pero todo la pasa y la tormenta se va, aunque huella y es que, aunque estén bien cerradas, las heridas profundas siempre dejan cicatriz.

Leonardo Balzetti dijo...

Aprovechar las llamas, e ir a favor del viento. Prescindir de lo accesorio.

Aotracosamariposa.

aymara dijo...

Cuando has conocido a la persona de tú vida y sabes que no puedes estar con ella, es muy dificil concebir una vida sin él,

mi llama no se puede apagar.


Me ha encantado, un beso